Poder expresar y exclamar: » ¡Estoy enamorado!» es un estado que sucede y nos envuelve principalmente al inicio de las relaciones de pareja. Un encuentro con otra persona caracterizado por momentos pasionales, desbordantes, incontenibles, eufóricos… Las emociones nos invaden y durante un tiempo casi no podemos pensar en otra cosa que no sea esa persona de la que estamos enamorados y de sentirnos alegres de qué este sucediendo algo tan bonito.
Químicamente se produce en el cerebro enamorado la llamada Feniletilamina que es un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas, por tanto nuestro cerebro se inunda de esta sustancia y se produce un combinado químico que consiste en un aumento de la dopamina, norepinefrina y oxiticina y una disminución de la serotonina. Este cóctel químico es el responsable de sentir y actuar como un auténtico enamorado.
Cuando uno se enamora, en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde cada uno proyecta sus aspectos más positivos e idealizados, por tanto nos sentimos encantados de pasar tiempo con esa persona ya que nos gusta cómo nos sentimos. Existe un “yo me amo al verme reflejado en ti”. Es más bien una relación con uno mismo, aunque se elija a una determinada persona para proyectar los propios aspectos. La construcción del amor empieza cuando vemos y miramos a nuestro compañero habiendo deshecho aquellas proyecciones propias, y uno se relaciona verdaderamente con el otro. Pasado un tiempo salen a la luz los aspectos menos positivos de cada uno, que también se proyectan en la pareja, y es ahí donde suelen empezar los conflictos y aparecen las frases tales como: “Él no es como yo había creído”, y es en este punto donde se presenta la posibilidad de la ruptura, o por el contrario, el proceso de crecimiento de cada uno y la construcción del verdadero amor. En muchos casos nos pensamos que el otro ha cambiado, cuando en realidad sólo han cambiado los ojos del que miran.
Enamorarse es amar las coincidencias mientras que amar es enamorarse de las diferencias. Al principio nos atraen las diferencias, y destacamos esos aspectos en la pareja como algo favorable, son aspectos personales que uno mismo no ha desarrollado. Por tanto hay una complementariedad más menos aceptada. Pero el problema suele venir cuando el enamoramiento empieza a desvanecerse, esas diferencias ya no agradan tanto y empiezan los desencuentros por las mismas características que nos habían atraído en un primer momento. Si por ejemplo, una persona muy activa, impulsiva y comunicativa, se enamora de otra que es reservada, relajada, tranquila y pausada, en un primer momento puede ser un buen complemento, pero a la larga si uno o ambos miembros de la pareja no aceptan esta diferencia y no hay un aprendizaje y desarrollo mutuo, puede causar conflictos.
El cambio que implica pasar de estar enamorado al amor es un camino de crecimiento y maduración personal. El amor es un producto cuerdo, real, y también costoso pero trabajando para sostenerlo es perfectamente duradero.
Arancha Echávarri





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