Cada una de nuestras creencias hacen que concibamos la vida de una manera u otra, y tienden a apoyarnos o a sabotearnos. Son creencias en relación a nosotros mismos, a lo que está bien o mal, a lo que hay que hacer o no, estamos como programados, y todo lo que nos sucede lo filtramos y lo interpretamos según éstas, alejándose con frecuencia de la realidad.
Por ello ya no es tan importante lo que ocurra, sino cómo lo interpretamos y la importancia que le otorgamos. La mayoría de estas creencias han nacido de nuestras primeras experiencias de vida y son parte fundamental de inseguridades, miedos, culpas, dependencia emocional, aislamiento…un círculo vicioso que se va alimentando conforme ocurren acontecimientos ya en la vida adulta que parecen que refuerzan esas creencias.
Desde muy pequeños recibimos cantidad de negativas sobre todo del ambiente familiar, tales como: “ no se puede”, “no lo hagas”, “tú no sirves para…”, “eso lo hacen los niños malos”, “no lo vas a conseguir”…Estas frases inhibitorias van sumando y quedan impresas en nuestra mente, y nuestro cerebro está más dispuesto a creer que no se puede, que no es posible, que no voy a ser capaz.
La creencia es la semilla que da vía libre a un sin fin de pensamientos. Si ésta lleva una carga negativa, como por ejemplo:“ no soy capaz de hacer las cosas bien”, partiendo de esta afirmación la rueda de pensamientos que se genera irá por la misma línea, ocasionando que desistamos de hacer infinidad de cosas, de hacer y ser diferentes. Limita a la persona haciendo que se viva encorchetado y atado a esas creencias.
Muchas de nuestras conductas están motivadas por creencias que hemos ido adquiriendo desde la más tierna infancia, algunas son plenamente conscientes para nosotros y otras subyacen a nuestra consciencia, siendo estas últimas principalmente las que determinan actos automáticos que no nos dan ni un mínimo margen a elegir, es decir, reaccionamos de manera impulsiva porque creencias muy profundas hacen emerger automáticamente emociones que no dan espacio a decidir cómo actuar.
No podemos ni podremos cambiar las cosas si seguimos haciendo lo mismo o si continuamos encorchetados en los mismos planteamientos de siempre, creencias que nos hacen daño y no nos permiten avanzar.
Una buena manera de lograr cambios de comportamiento precisamente es en proporcionar nuevos caminos de actuación, nuevas opciones, nuevas creencias que generen afirmaciones y pensamientos positivos.
Tener creencias que nos amplíen y nos hagan sentir bien es esencial para ir sembrando confianza en nosotros mismos y en la vida que queremos tener, para que nos impulse a vivir más plenamente.
Arancha Echávarri





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