Las personas contamos con una serie de recursos de afrontamiento para abordar las diversas situaciones que nos presenta la vida. Estas situaciones o demandas que recibe el individuo del ambiente, requieren una respuesta y ponen en funcionamiento dichos recursos. Cada sujeto dispone de un abanico diferente de herramientas con las que encarar el día a día.
La presencia de un cierto nivel de estrés nos ayuda a adaptarnos a las circunstancias, por ello nos permite en cierta manera “sobrevivir” porque nos movilizan a actuar y a decidir.
En cambio si la demanda supera nuestros recursos de afrontamiento, se puede producir una serie de reacciones que suele implicar una activación fisiológica: aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, tensión, problemas digestivos, dolores musculares…) acompañado, en la mayoría de las ocasiones de estados emocionales como son la ansiedad, rabia, ira, etc.
No todas las personas tenemos la misma tolerancia al estrés y mucho menos nos estresamos por las mismas causas. Además no sólo las personas adultas sufren de estrés, los niños y adolescentes también.
Uno de los principales factores que normalmente está presente en una situación que crea estrés, es la falta de control, cuando sentimos/pensamos que algo se nos escapa a nuestro control y no sabemos cómo posicionarnos ante este hecho en concreto. Esto suele ser motivo para activar un estado de inquietud debido a que nos supone una amenaza, y siempre las amenazas van acompañadas de juicios y cuestionamientos a nuestra propia personalidad o aspectos de la misma.
En esta espiral se encuentra íntimamente relacionado el estado de ansiedad, que es una respuesta emocional al estrés, a las preocupaciones excesivas y pensamientos negativos. Al igual que el estrés en algunos casos resulta positiva y eficaz porque permite al organismo ponerse alerta y active todos nuestros mecanismos de defensa ante un peligro real, por ejemplo: cualquier peligro que pueda suponer un daño a nuestra integridad física estrés,ansiedad, tristeza…
Se convierte en un problema y muchas veces en motivo de consulta, cuando la persona no consigue manejar este estado porque la respuesta es desproporcionada y supone un “desbordamiento”.
Esta pauta continuada en el tiempo termina siendo una limitación para dicha persona debido a que no sabe cómo solucionar estos momentos donde la ansiedad se activa. Este estado puede cronificarse si la persona convive con ello, no sólo cronificarse si no también intensificarse, pudiendo originar:
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fobias
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ataques de pánico
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ansiedad generalizada
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depresión
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dificultades de relación
Tanto la ansiedad como el estrés son parte responsable de muchas de nuestras conductas, provocando un exceso de las mismas, algunas de estas son fumar y comer.
Para aprender a manejar dichos estados es importante saber qué es el estrés y qué es la ansiedad y cómo nos afecta. El entender que nos está pasando nos ayuda a poder dar un giro y por tanto estar mas próximos al cambio.
Si pudiéramos acercarnos a este binomio de palabras ansiedad-estrés no desde un punto de vista negativo si no más bien como una llamada de atención que nos permite, si queremos, buscar y profundizar dentro de nosotros, ayudándonos a encarar la vida con más recursos y más fuerza. Además hay varias opciones muy positivas que actúan como reguladores de nuestro sistema nervioso y emocional como son el hacer deporte que ayuda entre otras cosas a dar salida a esa contención física y emocional que a menudo nos estresa. Hacer ejercicios de relajación y respiración, y sobre todo entrenar a nuestra mente en focalizar nuestra atención en el aquí y ahora para no anticiparnos ante posibles acontecimientos que sólo sirven en muchos casos para crear más ansiedad y estrés.
Arancha Echávarri







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