¿Hasta qué punto somos los “conductores” de nuestra vida?; ¿Hasta qué punto somos plenamente conscientes y responsables de las decisiones que tomamos a lo largo del día, de la semana, de la vida…o más bien nos dejamos llevar por las opiniones de los demás, por el arrastre de los acontecimientos, esperando a que sea lo de fuera lo que venga con novedades varias, (laborales, sentimentales, familiares…) Esperar, en muchas ocasiones crea un vacío que parece inundarlo todo, y sobre todo una falta de control que puede llegar a generar mucha frustración . Esperar conlleva en cierta manera posponer nuestro momento de plenitud, de sentirnos satisfechos y alegres para cuando lleguen esas “esperadas cosas, situaciones, personas…”, cuando dejamos de esperar por un supuesto momento perfecto, es cuando podemos hacer lo mejor con lo que tenemos ahora mismo. Podemos empezar a fluir con la vida.
Con frecuencia puede darnos la sensación de que todo está parado, estancado, bloqueado, ausencia total de cambios, la verdad es todo lo contrario, la vida es constante movimiento, nosotros somos puro y constante movimiento. Lo que realmente nos paraliza y nos produce esas sensaciones, son patrones y sistemas de creencias, cadenas de pensamientos que más que ayudar a movilizarnos, a creer en nosotros, nos frenan. Desde bien niños vamos sembrando creencias y pensamientos, éstos a su vez van cosechando determinadas acciones, estas acciones crean hábitos, y estos hábitos van generando un carácter en la persona, y este carácter influye directamente en nuestra toma de decisiones, que van formando un de guion de vida. Un guion de vida que siendo consciente de todo lo anterior que lo ha ido originando, se puede cambiar, si uno quiere.
Nuestro proceso pensante es creador de emociones y acciones y tiene tanto poder en el diseño de la vida que merece la pena permanecer atento a él, y “observarlo”. Es muy importante que nos demos cuenta de la calidad de los pensamientos que circulan a diario por nuestra mente y, en consecuencia de las palabras derivadas del mismo, nuestras palabras reflejan nuestros esquemas de pensamiento.
Por ello, ¿qué es lo que podemos cambiar que tenga repercusiones inmediatas en toda nuestra vida?, la forma de pensar. Los pensamientos o nos pueden esclavizar a los mismos círculos viciosos que son los que verdaderamente bloquean y paralizan llevándonos siempre a lo mismo…o nos engrandecen y nos impulsan a ser y crear resultados diferentes.
Para conocer nuestra mente conviene prestar atención a ese baile inagotable de pensamientos, a nuestro diálogo interior que siempre se presenta con el mismo contenido pero de diferentes formas.
Todos nosotros tenemos una parte que nos damos cuenta, percibimos lo que pensamos , lo que pasa a nuestro alrededor… y posteriormente “controla”, y esa es la parte consciente, sin embargo las creencias más íntimas que mueven de forma casi automática nuestra vida, están sumergidas y se desplazan a otro nivel no tan consciente, esto no quiere decir que no se pueda hacer nada con estas últimas, de hecho se pueden cambiar.
Creamos la realidad desde todo un andamiaje de pensamientos, emociones derivadas de éstos, actuaciones y experiencias acumuladas a lo largo del tiempo, creando una vida que es posible cambiar AHORA si uno elige hacerlo, y sabiendo que todo empezó por un pensamiento…





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